LA
HISTORIA DE UNO MÁS.
Era
una noche fría, Rodrigo prestaba servicio como centinela y en medio de una luna
que iluminaba todo el batallón, el
anhelaba estar en cama con su esposa, al calor de su hogar, disfrutando de la
ilusión de ser padre. En esa larga noche solo lo acompañaba un perro y cuanto
bicho raro que sale en la oscuridad; lo
único que lo hacía sentir vivo y estar alerta eran los disparos de metra que se
escuchaban a lo lejos.
Nelson
era un estudiante de mecánica del SENA
de bajos recursos económicos, el vivía con su madre en una zona marginal de la
ciudad, recién cumplidos 19 años y muchos sueños por cumplir.
Antes
de entregar su guardia, Rodrigo escucha que hay un decreto que otorgaba una
licencia y dinero con solo dar de baja a
los guerrillos, con paso apresurado se dirige a su superior y le dice que lo
tenga en cuenta para caerle a los “duendes” y darse el champo de visitar a sus padres y a Natalia su futura
esposa; quien le daría un hijo.
En
los pasillos del batallón, podía ver como los profesionales celebraban los
triunfos de guerra contando como daban de baja a los insurgentes, esto
alimentaba más las ganas de Rodrigo de salir a quebrar a dos o tres chusmeros y pegar para su casa.
Nelson andaba siempre con “el sebas” una persona que
no estaba muy bien relacionada; la nea de la cuadra. El sebas, invita a Nelson a conocer a un primo que venía de
visita y les iba a enseñar a armar una
turbina para mejorar el rendimiento de un carro, el punto de encuentro era en
uno de los cerros del barrio; donde había un montallantas. Este tipo era como un superhéroe para Nelson,
pues había logrado sin estudios, un gran invento.
Una
mañana Rodrigo ve que su comandante llega furioso porque el coronel le estaba
exigiendo resultados, habían pasado ya semanas sin reportar bajas; esta era la
oportunidad de Rodrigo. Es mandado a preparase para salir de caza, lo único que
no comprendía era ¿Por qué salir vestido de civil Si era una operación militar?
La ansiedad de salir del tétrico batallón y ver su familia, era lo
único que le importaba; estaba dispuesto
hacer lo que fuera necesario para ganarse el champo.
El
y un profesional salieron en moto de
pillo para un corregimiento de la ciudad y cumplir con la misión, en el camino
el profesional le cuenta el plan y Rodrigo no se las cree, llegan a una zona deprimida de la ciudad y
compran armas hechizas; una escuadra y tres granadas. Luego de esto se ponen al
asecho hasta encontrar al futuro muñeco.
A
las 6:00pm entradita la noche se verían
Nelson y el sebas para recibir la instrucción, el estaba
emocionado por que iba a conocer a un gran mecánico. Nelson llega primero al
punto de encuentro lleno de expectativas, pero los que estaban allí no eran el
sebas ni su primo, eran dos desconocidos que arremetieron contra el sin darle tiempo de reaccionar, en menos de
un segundo todo se torno oscuro.
¿Qué
hacemos aquí? –Pregunto Rodrigo- callao ¿No tenes ganas de ver la polla y a los
cuchos? –Replico el
profesional- si – dijo Rodrigo- entonces relajado que ya vamos a coronar la
vuelta, un parcerito nos va a mandar el muñeco.
Velo,
velo caigámosle… Solo fue un disparo, luego plantar la evidencia; la
pala hechiza y las granadas. Desde esa noche mi vida fui diferente, ahora
pertenecía a un sistema armado que no defendía al pueblo de una guerra civil,
sino que había declarado una guerra a la población civil. No supe quien era, ni
como se llamaba, donde vivía o quienes eran sus padres. Ahora me doy cuenta que el boleto de salida del batallón y la recompensa
no valía la vida de una persona inocente.
Mese
después Salí del batallón y estando en
casa vi por el noticiero una madre angustiada buscando a su hijo desaparecido,
la descripción que daba la inconsolable
madre era la del joven que matamos en el cerro, mi corazón se destrozo. Este no era el único caso de personas
asesinadas que fueron pasadas por guerrillos, las extrañas circunstancias y la
gran cantidad de personas desaparecidas sin explicación, hizo que el Estado
iniciara una investigación dentro de la fuerza militar, hallando que se estaban
suplantando personas civiles haciéndolas pasar por insurgentes y delincuentes.
Un
año después mis superiores habían sido enjuiciados por una gran cantidad de
falsos positivos. Se hizo justicia pero tendré que vivir con la imagen de
Nelson cuando se desplomo al suelo y sus
libros se llenaron de sangre.

