miércoles, 8 de octubre de 2014

Es hora de una historia.

LA HISTORIA DE UNO MÁS.

Era una noche fría, Rodrigo prestaba servicio como centinela y en medio de una luna que  iluminaba todo el batallón, el anhelaba estar en cama con su esposa, al calor de su hogar, disfrutando de la ilusión de ser padre. En esa larga noche solo lo acompañaba un perro y cuanto bicho raro que sale en la oscuridad;  lo único que lo hacía sentir vivo y estar alerta eran los disparos de metra que se escuchaban a lo lejos.
Nelson era un estudiante de mecánica  del SENA de bajos recursos económicos, el vivía con su madre en una zona marginal de la ciudad, recién cumplidos 19 años y muchos sueños por cumplir.
Antes de entregar su guardia, Rodrigo escucha que hay un decreto que otorgaba una licencia y dinero  con solo dar de baja a los guerrillos, con paso apresurado se dirige a su superior y le dice que lo tenga en cuenta para caerle a los “duendes”  y darse el champo de  visitar a sus padres y a Natalia su futura esposa;  quien le daría un hijo.
En los pasillos del batallón, podía ver como los profesionales celebraban los triunfos de guerra contando como daban de baja a los insurgentes, esto alimentaba más las ganas de Rodrigo de salir a quebrar  a dos o tres chusmeros y pegar  para su casa.
Nelson  andaba siempre con “el sebas” una persona que no estaba muy bien relacionada; la nea de la cuadra.  El sebas, invita   a Nelson a conocer a un primo que venía de visita y les iba a enseñar a  armar una turbina para mejorar el rendimiento de un carro, el punto de encuentro era en uno de los cerros del barrio; donde había un montallantas.  Este tipo era como un superhéroe para Nelson, pues había logrado sin estudios, un gran invento.
Una mañana Rodrigo ve que su comandante llega furioso porque el coronel le estaba exigiendo resultados, habían pasado ya semanas sin reportar bajas; esta era la oportunidad de Rodrigo. Es mandado a preparase para salir de caza, lo único que no comprendía era ¿Por qué salir vestido de civil Si era una operación militar? La ansiedad de salir del tétrico batallón y ver su familia,  era  lo único que le importaba;  estaba dispuesto hacer lo que fuera necesario para ganarse el champo.
El y un profesional  salieron en moto de pillo para un corregimiento de la ciudad y cumplir con la misión, en el camino el profesional le cuenta el plan y Rodrigo no se las cree,  llegan a una zona deprimida de la ciudad y compran armas hechizas; una escuadra y tres granadas. Luego de esto se ponen al asecho hasta encontrar  al futuro muñeco.
A las 6:00pm entradita la noche  se verían Nelson y  el sebas  para recibir la instrucción, el estaba emocionado por que iba a conocer a un gran mecánico. Nelson llega primero al punto de encuentro lleno de expectativas, pero los que estaban allí no eran el sebas ni su primo, eran dos desconocidos que arremetieron contra el  sin darle tiempo de reaccionar, en menos de un segundo todo se torno oscuro.
¿Qué hacemos aquí? –Pregunto Rodrigo- callao ¿No tenes ganas de ver la polla y a los cuchos?      –Replico el profesional-  si – dijo Rodrigo-  entonces relajado que ya vamos a coronar la vuelta, un parcerito nos va a mandar el muñeco.
Velo, velo caigámosle…  Solo fue  un disparo, luego plantar la evidencia; la pala hechiza y las granadas. Desde esa noche mi vida fui diferente, ahora pertenecía a un sistema armado que no defendía al pueblo de una guerra civil, sino que había declarado una guerra a la población civil. No supe quien era, ni como se llamaba, donde vivía o quienes eran sus padres.  Ahora me doy cuenta  que el boleto de salida del batallón y la recompensa no valía la vida de una persona inocente.
Mese después  Salí del batallón y estando en casa vi por el noticiero una madre angustiada buscando a su hijo desaparecido, la descripción que daba  la inconsolable madre era la del joven que matamos en el cerro, mi corazón se destrozo.   Este no era el único caso de personas asesinadas que fueron pasadas por guerrillos, las extrañas circunstancias y la gran cantidad de personas desaparecidas sin explicación, hizo que el Estado iniciara una investigación dentro de la fuerza militar, hallando que se estaban suplantando personas civiles haciéndolas pasar por insurgentes y delincuentes.

Un año después mis superiores habían sido enjuiciados por una gran cantidad de falsos positivos. Se hizo justicia pero tendré que vivir con la imagen de Nelson  cuando se desplomo al suelo y sus libros se llenaron de sangre.

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